La obsesión por la herramienta
Cada cierto tiempo aparece una nueva herramienta “imprescindible”. Promete velocidad, eficiencia, ventaja competitiva.
Y durante unos días, parece que lo cambia todo.
Hasta que pasa la novedad.
La herramienta nunca fue el problema. Ni la solución.
El problema suele estar antes: en no tener claro qué se quiere resolver, en confundir actividad con progreso, en usar tecnología para evitar pensar.
Una buena herramienta amplifica un criterio claro. Una mala decisión amplificada sigue siendo una mala decisión.
Por eso muchas organizaciones acumulan software… y siguen teniendo los mismos problemas.
Antes de elegir herramienta, conviene detenerse un momento. Entender el flujo. Nombrar el problema con precisión.
Lo demás viene después.